Diócesis de Astorga

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Fiesta de la Virgen del Pilar en Ponferrada

12 - octubre - 2017

Con toda solemnidad y con la presencia del Obispo Don Juan Antonio se ha celebrado en Ponferrada la fiesta de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil. La misa ha tenido lugar en la Parroquia de El Buen Pastor, por estar enmarcada en ella el Cuartel de la Guardia Civil. En un templo abarrotado y con la presencia de las autoridades, el Señor Obispo pronunció una homilía en este día de la Fiesta Nacional, teniendo en cuenta la especial situación de preocupación que está viviendo España. Ofrecemos a continuación el texto de la homilía:

"La fiesta de Nuestra Señora del Pilar nos ha congregado esta mañana en la parroquia del Buen Pastor de Ponferrada para celebrar nuestra fe, recordar a vuestros difuntos y compartir con nuestros hermanos, los guardias civiles, la delicada situación por la que están pasando como consecuencia de la inestabilidad política de España. En el elogio de Nuestra Señora del Pilar se dice que es invocada como refugio de los pecadores, consoladora de los afligidos y madre de España. Hoy pedimos especialmente su intercesión para Dios conceda a nuestra patria la unidad, la convivencia pacífica y el progreso cultural y económico de todos los pueblos que la conforman.
Según la tradición, el apóstol Santiago se sintió cansado, desalentado y desanimado después de contemplar la poca respuesta que tenía la predicación del evangelio en nuestro país. El recuerdo y la presencia en carne mortal de la Virgen María, la madre del Señor, lo consoló a orillas del río Ebro. La cercanía de la Virgen le animó en un momento crítico para seguir adelante con su empeño de anunciar a Jesucristo. Gracias a su tesón, nosotros, hoy, cerca de dos mil años después, podemos gozar de la dicha de ser cristianos. El apóstol Santiago y Nuestra Señora del Pilar fueron referentes de la fe católica en España y lo son también en aquellas naciones evangelizadas por españoles en Hispanoamérica. A su intercesión acudieron nuestros pasados y a su intercesión acudimos nosotros hoy.
Lo hacemos en medio de la incertidumbre y la tristeza que nos produce contemplar cómo los responsables políticos de Cataluña han hecho un simulacro de proclamar la independencia de España sin contar con el resto de españoles. Estaba anunciado que esto iba a suceder; pero daba la impresión que ni unos ni otros se lo tomaban en serio. Todos confiábamos en que se iba a dar una solución adecuada sin tener que llegar a esta situación. No ha sido así. Se ha roto la baraja y no podemos prever las consecuencias que esto tendrá para la sociedad catalana y para el resto de España. A pesar de que nos dicen que todo está previsto para dar solución, el conflicto está servido. La fractura social se ha consumado y será difícil reconstruir la unidad y la paz social. Incluso será difícil también recomponer la comunión eclesial. La mentira, el odio, la división, la violencia o la inacción son instrumentos del mal que sólo consiguen la destrucción del hombre y de la sociedad.
En algunos medios de comunicación se acusó a la Iglesia y, en concreto a nosotros los obispos, de tener una actitud poco clara sobre esta cuestión. No es así. En el año 2006, los obispos españoles, legítimos representantes de la Iglesia en España, publicaron un documento titulado: “Orientaciones morales ante la situación actual de España” donde abordaban, entre otras cuestiones, el asunto de los nacionalismos. En dicho documento se parte del principio según el cual no es misión de la Iglesia proponer medidas políticas concretas. Su misión es de orden moral. Por lo tanto sólo se nos puede pedir orientaciones morales para el bien común de toda la sociedad, dirigidas, principalmente, a los políticos que se confiesan católicos. Decían los obispos en el documento citado: “La Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y de respeto hacia el bien de los demás. En todo caso, habrá de ser respetada siempre la voluntad de todos los ciudadanos afectados, de manera que las minorías no tengan que sufrir imposiciones o recortes de sus derechos, ni las diferencias puedan degenerar nunca en el desconocimiento de los derechos de nadie ni en el menosprecio de los muchos bienes comunes que a todos nos enriquecen”.
Está clara la llamada de la Iglesia a enseñar la verdad histórica, a fomentar la solidaridad, a guardar la unidad y a respetar la voluntad de todos los ciudadanos afectados. Además, los obispos invitaban a toda la sociedad a que, antes de tomar cualquier decisión para modificar el marco político de convivencia, se hicieran estas preguntas: “Si la coexistencia cultural y política, largamente prolongada, ha producido un entramado de múltiples relaciones familiares, profesionales, intelectuales, económicas, religiosas y políticas de todo género, ¿qué razones actuales hay que justifiquen la ruptura de estos vínculos? Es un bien importante poder ser simultáneamente ciudadano, en igualdad de derechos, en cualquier territorio o en cualquier ciudad del actual Estado español. ¿Sería justo reducir o suprimir estos bienes y derechos sin que pudiéramos opinar y expresarnos todos los afectados?”.
Recientemente, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal emitió una Declaración sobre la cuestión de Cataluña en la que se instaba “Al diálogo honesto y generoso, que salvaguarde los bienes comunes de siglos y los derechos propios de los diferentes pueblos que conforman el Estado, es necesario que, tanto las autoridades de las administraciones públicas como los partidos políticos y otras organizaciones, así como los ciudadanos, eviten decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias, que los sitúe al margen de la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia pacífica y origine fracturas familiares, sociales y eclesiales”.
Los dolorosos hechos que estamos viviendo estos días en la sociedad catalana muestran claramente que se ha hecho caso omiso de nuestras palabras. Aunque se pueda volver a la legalidad y recomponer el gobierno político de Cataluña, muchas familias, amistades, empresas y pueblos se resentirán durante años de esta fractura social que se ha acelerado en este último mes.
En medio de este conflicto os encontráis vosotros, queridos hermanos guardias civiles, como servidores de la ley y del orden, como garantes de nuestra seguridad y de la del Estado. Es un momento tremendamente delicado para muchos de vuestros compañeros que viven en primera línea la desagradable tarea de requisar, investigar, denunciar y hasta detener a personas. Un sufrimiento que se podría haber evitado si se impusiera en la mente y en el corazón de quienes gobiernan la sensatez, la cordura y el respeto a las leyes que garantizan la paz y la convivencia.
En el día de la fiesta de vuestra patrona os queremos colocar, junto con las demás fuerzas de seguridad del Estado, bajo su amparo y protección para que os conceda paciencia, fortaleza y templanza a la hora de actuar. A la Virgen del Pilar, madre de España, le pedimos que interceda por nosotros y como una buena madre nos reúna a todos los españoles de nuevo en una sola nación, una sola historia y una sola fe.

† Juan Antonio, obispo de Astorga

 

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