Homenaje en Robledo de la Valduerna

Homenaje en Robledo de la Valduerna

En la tarde del 27 de agosto el pueblo de Robledo de la Valduerna se ha vestido de fiesta para homenajear a dos de sus hijos que desde ahora son ya “hijos predilectos” por decisión de la Junta Vecinal. Se trata de dos sacerdotes: nuestro Vicario General, Mons. Marcos Lobato Martínez, y Mons. Antonio Díez Pérez, sacerdote misionero que ha entregado más de 40 años de su vida al trabajo evangelizador en Norteamérica, en Florida.

Puede parecer que el motivo que hizo surgir su nombramiento de hijos predilectos es el haber sido nombrados los dos, con pocos años de diferencia, “prelados de honor del Santo Padre”. Pero este hecho ha sido solo el detonante que hizo al pueblo caer en la cuenta de lo que vale y de lo que merece una vida sacerdotal, entregada a Dios y al servicio de los hombres, con la generosidad y la plenitud vital con que estos dos sacerdotes lo vienen haciendo y lo seguirán haciendo durante los años que la Providencia divina les siga regalando.

Y esta trayectoria vital de ambos sacerdotes fue capaz de convocar, en la tarde brillante del 27 de agosto de Robledo de la Valduerna, la multitud que abarrotó su hermoso templo, presidido por la preciosa imagen de su Patrono, San Esteban protomártir cristiano, para participar en una Misa que el Señor Obispo, Mons. Camilo Lorenzo Iglesias, concelebró con más de cincuenta sacerdotes diocesanos llegados desde todos los rincones de la Diócesis. Entre los fieles asistentes a la celebración hubo, además de todos los hijos del pueblo, representantes de las parroquias en las que Don Marcos trabajó con ilusión, antes de ser Vicario General en San Martín de Viana y sus anejos, San Pedro de Ponferrada, y – ya siendo Vicario General - Castrillo de los Polvazares y sus anejos. Y muchos amigos de ambos sacerdotes venidos algunos desde pueblos muy alejados. Tampoco faltó la adhesión a esa celebración del Señor Arzobispo de Santiago, Mons Julián Barrio, y del Señor Obispo de Mondoñedo – Ferrol, Don Manuel Sánchez Monge, amigo personal de uno de los sacerdotes homenajeados. Don Camilo leyó sus preciosas cartas amigas y enjundiosas.

Las autoridades del pueblo ocuparon lugares preferentes en el templo y, finalizada la celebración litúrgica, hubo entrega de sus títulos, de obsequios entrañables y significativos. Y hubo palabras para ellos, y palabras de ellos, que fueron larga y emocionadamente aplaudidas por todos los asistentes a este acto.

Y, en la plaza del pueblo, delante de la iglesia, abrazos, saludos emocionados, muchas manifestaciones de amistad, de fraternidad, de alegría compartida por la hermosura y la elegancia de esta fiesta y suculenta merienda. Una tarde para la historia de un pueblo pequeño, pero laborioso, austero, acogedor y fiel a sus raíces.

Merecen felicitación los “dos Monseñores hijos predilectos”, ya para siempre, de su pueblo natal, Don Marcos y Don Antonio.

Pero merecen también felicitación las autoridades y los vecinos del pueblo que han sabido estar a la altura de su responsabilidad, reconociendo el mérito de los hijos que han llevado más lejos y más alto el nombre de su pueblo. JAJ.