Diócesis de Astorga

Saludo del Obispo

Excmo. y Rvdmo. Sr D. Juan Antonio Menéndez Fernández Obispo de Astorga

Queridos diocesanos:
Al hacerse público mi nombramiento como obispo de Astorga, humildemente quiero dirigirme a vosotros para que me acompañéis con la oración a fin de que el Señor me conceda la gracia de ser un servidor bueno y fiel del Evangelio en medio de vosotros. Agradezco al Santo Padre Francisco la confianza que deposita en mi persona al encomendarme pastorear esa iglesia particular de tan dilatada tradición cristiana que se mantuvo en comunión con el sucesor de Pedro y dio muchos frutos de santidad.

Agradezco a mi diócesis y a mi tierra asturiana todo lo que soy.  En ella nací a la vida y a la fe, descubrí la llamada de Dios al sacerdocio y  he desarrollado el ministerio pastoral durante treinta y cinco años de los cuales más de la mitad los pasé colaborando estrechamente con los arzobispos que han sido mis grandes maestros. En Asturias dejaré mi entorno familiar, mis amigos y compañeros para ir a vosotros con total libertad y entregarme por entero a la predicación  del evangelio y a dar testimonio de la fe en Cristo resucitado.

Vuestra realidad social eminentemente rural y minera no me resultará extraña pues nací en una pequeña aldea del mundo rural y he ejercido el ministerio pastoral en dos zonas mineras de Asturias. Estos dos sectores sociales están sufriendo desde hace tres décadas una fuerte transformación que deja tras de sí situaciones dolorosas en  las personas, en las familias y en los pueblos. Ofrezco mi humilde colaboración a las autoridades políticas y sociales para buscar juntos un futuro justo y estable para todos.

No me resulta del todo desconocida la realidad eclesial de la Diócesis de Astorga porque desde hace más de veinte años participo en las reuniones de la Provincia Eclesiástica de Oviedo donde he podido comprobar cuáles han sido y son vuestras preocupaciones y cómo habéis dado respuesta oportuna a los nuevos retos pastorales orientados por el buen hacer de D. Camilo, mi querido hermano en el episcopado, a quien saludo con afecto y cariño. Los Planes Pastorales Diocesanos han ayudado a organizar mejor la acción evangelizadora y a llevar a cabo una adecuada atención pastoral de las parroquias desde los Centros de Atención Pastoral y los nuevos arciprestazgos. Mi deseo es continuar con los objetivos y acciones que están en marcha en la Diócesis con la ayuda y colaboración de todos los fieles.

En primer lugar dirijo mi saludo a los sacerdotes que entregáis cada día vuestra vida  al Señor y a la Iglesia sirviendo al evangelio  con  gran generosidad. Quisiera ser no sólo vuestro hermano en el sacerdocio sino también vuestro amigo y compañero. Juntos debemos empeñarnos en acompañar al pueblo fiel y pedir al Señor que suscite vocaciones al ministerio sacerdotal para que nunca falten en la Iglesia  servidores la Palabra y de los Misterios de Cristo. A los jóvenes que estáis en el Seminario Mayor y en el Seminario Menor os aliento y animo  para que perseveréis  en el discernimiento de vuestra vocación con total libertad de modo que se cumpla en vuestras  vidas la voluntad del Señor.

Saludo con especial  afecto a los miembros de la vida consagra que tenéis casas y obras apostólicas en la Diócesis. Vosotros nos señaláis con el testimonio personal y comunitario el camino de perfección en el amor a Dios y a los hermanos. Particularmente pido a los consagrados de vida contemplativa que recéis por mí y por los frutos de mi ministerio  pastoral entre vosotros.

Me dirijo con singular afecto a todos los fieles laicos, especialmente a las familias, a los jóvenes y a los enfermos. Soy consciente de la importancia que tiene  vuestra labor evangelizadora para trasmitir la fe a las futuras generaciones y para  transformar todas las realidades del mundo según los planes de Dios. Contad con mi oración y mi apoyo.

“Ahora es tiempo de caminar” decía Santa Teresa en el lecho de muerte. Para mí ahora es tiempo de caminar con vosotros por vuestros caminos y salir a las  encrucijadas para anunciar la alegría del evangelio y consolar a los afligidos por cualquier causa y curar los heridos por las consecuencias del pecado y de la injusticia. Mi máxima aspiración es  atraer, con la ayuda de la gracia,  a todos los hombres y mujeres hacia Dios  que quiere “que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” ( 1 Tim 2, 4).

La Virgen María y todos los santos asturicenses intercedan ante  Jesucristo por todos nosotros, pastores y fieles, para que, amándonos como hermanos, seamos la luz y la sal que el mundo actual necesita a fin de que el hombre  se reconozca a sí mismo como imagen de Dios y hermano de los demás hombres.

Con mi afecto y bendición.

+ Juan Antonio, obispo de Astorga

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