Diócesis de Astorga

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LOS PROFETAS:VOZ DE DIOS PARA SU PUEBLO

15 - enero - 2019

 FORMACIÓN PERMANENTE-Curso 2018-19

LOS PROFETAS:VOZ DE DIOS PARA SU PUEBLO 

 

  El martes 15 de enero tuvo lugar en Astorga la tercera sesión de la Formación Permanente del presente curso, el cual tiene una temática bíblica. En esta ocasión, para cerrar el estudio de la parte del Antiguo Testamento, el profesor de la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid D. Ignacio Carbajosa Pérez hizo una presentación de los Profetas, resumiendo de manera muy didáctica y clara los aspectos principales del rico contenido de estos libros y su significado religioso en el contexto de su tiempo histórico y del tiempo salvífico global de la Historia de la Salvación que narra la Sagrada Escritura.

  En la primera parte de su exposición el profesor Carbajosa se centró en la misión de los profetas, situando los diversos matices de la misma en el contexto histórico-religioso del Antiguo Testamento y su realización definitiva en los tiempos mesiánicos del Nuevo Testamento.

El lugar de los profetas en la Biblia cristiana.

  Si se parte de la tradicional división tripartita veterotestamentaria según la Biblia hebrea, es decir: Ley (Torá) - Profetas - Escritos (con los libros sapienciales y los salmos), el lugar de los profetas se entiende fundamentalmente situando su acción entorno y en función de la Ley, la cual ocupa un papel preponderante y dominante en la vida y relación con Dios del pueblo de Israel.

  Pero ya en los más antiguos códices de la Biblia cristiana el orden que aparece en la disposición de los libros es diferente: Ley - Escritos - Profetas. Los libros proféticos se colocan tras la Ley y también después de los escritos sálmicos y sapienciales, cerrando el Antiguo Testamento y apareciendo inmediatamente antes de los Evangelios, ocupando de este modo un papel muy significativo como pórtico de la nueva alianza.

El Profeta: la voz contemporánea de Dios para con su pueblo.

  En la conformación y la influencia religiosa del pueblo, la Ley pone un “antes”, los profetas ponen un “ahora”, los escritos sapienciales ponen un “siempre”.

  Los profetas se sitúan en todo momento, pues, en un contexto histórico muy definido. Su actividad comienza en el siglo VIII a.C., con el Reino dividido en dos (Israel en el norte y Judá en el sur), en el que el pueblo está marcado por una doble infidelidad a la alianza con Dios: el pecado de la idolatría y los pactos con pueblos extranjeros. Los profetas denuncian el pecado del pueblo y, a la vez, le llama a la conversión, aunque la testarudez del pueblo le conducirá inevitablemente al desastre.

La metáfora esponsal y la metáfora filial

  Dos recursos literarios llaman poderosamente la atención del lector en varios escritos proféticos para describirle de forma muy gráfica e inteligible esta situación de infidelidad y enfrentamiento del pueblo con su Dios, que había construido su historia y le había dado todo.

  La metáfora esponsal que presenta a Dios como el esposo de un pueblo adúltero (Cf. Is 1,21; 54,1-8; Jr 3,20; Os 2,21-22) es de una gran audacia literaria para ilustrar esta situación.

  También la metáfora filial que presenta al Dios como un padre que tiene un hijo rebelde (Cf. Jr 3,19; 31,9; Os 11,1-4; Is 63,8-9; 64,7; Mal 1,6), es otra imagen utilizada en este género literario llamado Rîb, es decir, de disputa y litigio, que ilustra esa relación entre Dios y su pueblo, donde no se busca ni se pone el acento en la necesidad de un castigo al pueblo, sino en su cambio, su conversión.

El desastre inevitable

  En el año 722 a.C. se consuma el desastre del norte con la invasión de Israel por los asirios.

  En el 587 a.C. cae el reino del Sur con la destrucción de Jerusalén y el destierro de Babilonia, en la época de plena actividad de los grandes profetas: Jeremías, Isaías, Ezequiel y Daniel.

Una nueva creación

  A partir de aquí, la actividad profética anuncia una nueva alianza futura que se grabará en los corazones, en donde Dios renovará a su pueblo: le dará un nuevo corazón de carne y un nuevo espíritu (Cf. Ez 11,19; 36,26-28), y donde se producirá una nueva creación y surgirá un nuevo cielo y una nueva tierra” (Is 65,17).

  Esta renovación anunciada por los profetas, que supera la separación de Dios y consigue la fidelidad al Padre, se realizará plenamente en Cristo, Dios y Hombre, en el que el ser humano por el bautismo es incorporado a una nueva alianza con Dios como una nueva creatura.

  El nuevo pueblo recreado que forman los hombres nuevos es la Iglesia, donde por la gracia y la misericordia divina se produce el milagro de la fidelidad del hombre a Dios.

Algunas claves de lectura de los profetas

  En la segunda parte de su intervención D. Ignacio Carbajosa ofreció a los asistentes algunas claves de lectura de los profetas a través a través del comentario de algunos textos proféticos representativos del AT, poniendo de relieve el esquema tipo de la misión profética ya apuntado: acusación (denuncia) - llamada a la conversión - lamento - testarudez del pueblo.

  La próxima sesión de la Formación Permanente en la diócesis será el miércoles 27 de febrero. En ella se abordará el primer acercamiento al Nuevo Testamento con el estudio de los Evangelios Sinópticos, a cargo de D. Rafael Aguirre Monasterio SJ, profesor de la Universidad de Deusto.

José Luis Castro Pérez

Vicario General – Comisión Episcopal para la Atención del Clero

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