Diócesis de Astorga

Financiación

DIA DE LA IGLESIA DIOCESANA 2021

Somos lo que tú nos ayudas a ser.

Somos una gran familia contigo

 El pasado mes de marzo se cumplía un año del comienzo de la pandemia causada por la Covid-19. A su paso ha dejado y, aunque en menor escala, sigue dejando dolor, pobreza, soledad y muerte. Pero también frutos sabrosos de fe y de solidaridad. En este sentido, además del papel desempeñado por los sanitarios y las fuerzas de seguridad, se debe destacar el papel de las familias: el arropamiento ofrecido a las personas mayores intentando preservarlas del riesgo de contraer la enfermedad y acompañándolas en ocasiones desde una dolorosa lejanía, su esfuerzo redoblado por atender convenientemente a los más pequeños, recluidos en muchos casos en espacios mínimos y con un dinamismo maniatado, el compartir recursos materiales ante la escasez…

 También para nuestra Iglesia diocesana ha sido un tiempo difícil y doloroso en el que hemos tenido que despedir a muchas de las personas más cercanas y colaboradoras, ocasionalmente, en una dolorosa soledad, nos hemos visto obligados a suprimir o limitar el culto público, hemos tenido que reducir nuestra presencia cerca de las personas mayores y enfermas, hemos visto reducidos a cero los ingresos… Pero también hemos sido testigos de gestos hermosos de acompañamiento, creatividad pastoral, crecimiento en la pastoral bíblica, promoción de la vida espiritual en la familia…

 La Ddiócesis ha tenido también un gesto precioso de caridad al crear y alimentar un Fondo de solidaridad con los necesitados. El cese de actividad ha traído a muchos profesionales, sobre todo de actividades informales, paro y pobreza. Nuestras Cáritas se han visto desbordadas por la solicitud de ayudas de primera necesidad. La generosidad de sacerdotes, consagrados y laicos ha posibilitado atenuar esta penuria y ha llevado la alegría a muchas familias. De este modo, nuestra Iglesia particular se ha mostrado como una familia solidaria.

 En un determinado momento, pareciera que el mundo se había parado, pero hemos seguido avanzando juntos haciendo más llevadero el caminar de todos. Caminar juntos: esta es la consigna que nos lanza el papa Francisco como uno de los retos de futuro de nuestra Iglesia porque, efectivamente, “ser Iglesia es ser comunidad que camina junta”. Y precisamente para promover esta marcha acompasada ha convocado un Sínodo de la Iglesia universal.

 El mundo post-Covid está ya comenzando a ser diferente y nos obliga a repensar la forma de vivir y de comunicar la fe. Para ello, necesitamos la luz y la guía del Espíritu Santo que nos ayudará a “discernir el horizonte siempre nuevo que nos quiere regalar”.

 Avanzar juntos supone que todos nos sentimos partícipes y corresponsables en la marcha de la Iglesia. Todos podemos y debemos ofrecer a la comunidad y al mundo nuestras cualidades, nuestro tiempo, nuestra oración y hasta nuestra ayuda económica.

 Este talante y este espíritu sinodal queremos trasladarlo a la nueva estructura pastoral que vamos a poner en marcha. Nuestra Iglesia necesita de la aportación de todos para que nadie se quede solo ni rezagado, para que nadie pase necesidad. De este modo, nos pareceremos a la primitiva comunidad cristiana en la que “no había necesitados” (Act 4, 34).

 Que el Señor, contando con la intercesión de nuestra Madre la Virgen María y de nuestro patrono Santo Toribio, nos ayude a lograrlo. Que así sea

 

+Jesús, Obispo de Astorga 

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