El seminario de Astorga ha acogido la tercera y última jornada del Encuentro de Pastoral de la Salud de la Provincia Eclesiástica, en el que participan representantes y agentes de pastoral de las diócesis de Astorga, León, Santander y Oviedo. La jornada de este encuentro ha estado centrada en el lema "Acompañamiento pastoral".
Las ponencias principales han corrido a cargo de Juan Manuel Bajo, gerontólogo psicosocial y Consiliario diocesano de Tortosa e Interdiocesano de Cataluña, quien ha ofrecido dos reflexiones centradas en la atención pastoral a las personas mayores.
En la primera de ellas, titulada "El acompañamiento pastoral del mayor en la residencia geriátrica: la urgencia de una mirada pastoral", el ponente ha abordado las actitudes y cualidades que deben caracterizar a los agentes de pastoral que acompañan a las personas mayores en centros gerontológicos. Asimismo, ha reflexionado sobre los distintos obstáculos que pueden surgir en esta tarea, como la falta de recursos humanos, la disminución de sacerdotes, congregaciones religiosas y voluntariado, así como otros condicionantes de carácter sociopolítico. Ante esta realidad, ha planteado la necesidad de desarrollar una pastoral específica en estos centros que responda a las necesidades espirituales y religiosas de los mayores que viven en ellos.
La segunda conferencia se ha centrado en la pastoral del mayor en la parroquia, analizando qué acciones pueden impulsarse para que esta realidad esté más presente en la vida de las comunidades parroquiales. En este sentido, se ha reflexionado sobre la presencia y participación de las personas mayores en las parroquias y sobre la importancia de reconocer y respetar su dignidad. Durante su intervención, Juan Manuel Bajo ha subrayado que las personas mayores no son niños, sino personas con plena dignidad, experiencia y aportación a la vida de la comunidad.
Además, se ha abordado también la atención pastoral a las familias de las personas mayores, tanto de aquellas que son autónomas como de las que se encuentran en situación de dependencia, destacando la importancia de acompañar también a quienes cuidan de ellas.
La jornada ha concluido con la celebración de la Eucaristía en la capilla del seminario de Astorga, presidida por el administrador diocesano, don Francisco Javier Gay quien ha resaltado tres cosas que hace Dios en el acompañamiento: “cuando uno pasa por dificultades —me refiero lógicamente a caídos, a derrumbados, a no sostenerse— lo primero que hace la presencia, aunque solo sea humana, de alguien, es sostener. A veces físicamente, porque le damos el brazo y se apoya, pero sobre todo espiritualmente, porque le damos el corazón y el cariño y la persona se apoya.
Dios nos sostiene. Su cercanía para con nosotros lo primero que hace es impedir que nos derrumbemos, sentir que hay alguien que tiene las manos puestas y entonces nos mantiene de pie en el camino. Eso es lo primero que hace Dios.
Lo segundo que hace es fortalecer. Está bien sostener, pero lo que le falta a la persona enferma son fuerzas. ¿Para qué? Para llevar aquello que en este momento sufre. Y esto, los médicos por supuesto ayudan en la parte que les toca. Reconozcámoslo: poco ayudamos en el sostener, pero ¿quién de nosotros puede dar fuerzas?
Podremos decir que, en la medida en que estamos cerca, sí; pero no, somos mediación. ¿Quién da las fuerzas? Dios. Dios sí puede dar fuerzas. La gracia de Dios sí fortalece.Pero la fortaleza, dar fuerzas interiores, esto solo lo hace Dios. Las exteriores también los médicos y las medicinas, pero las interiores, Dios.
Con nuestra ayuda, porque nosotros somos mediadores. O sea que nuestra presencia importa, sí, porque nuestra presencia sirve para que, a través de nosotros, llegue Dios y entonces fortalezca a esta persona que lo necesita.
Lo tercero es que nos diga hacia dónde caminamos. Y además, saber hacia dónde caminamos es fuente de esperanza. Todos caminamos hacia la meta. Todos empezamos a caminar hacia la meta. Y esto es muy importante, porque nada es más difícil que un enfermo que no sabe a dónde va. Eso rompe por dentro, quita la esperanza, debilita interiormente. Pero cuando uno tiene la seguridad de que camina a estar siempre con Dios y que ya ahora está con Él, entonces esta seguridad se convierte en una fuente de esperanza basada en una realidad. Porque Cristo es la esperanza y la esperanza no defrauda. Tenemos la seguridad, la certeza, la realidad de que Cristo está ahí. Esta seguridad de aquello hacia lo que caminamos es fundamental. Y esto, de nuevo, solo lo puede dar Dios en el corazón de cada persona. Y de nuevo nosotros, como en lo anterior, como en la fortaleza, somos mediación. Fundamental, insustituible muchas veces, pero mediadores. No pensemos que nosotros le vamos a dar esa seguridad del destino. Solo Dios en el corazón puede darla.”
Estas jornadas han concluido con una comida fraterna antes de partir, cada asistente, a su diócesis de origen.

El Plan Pastoral tiene como objetivo general afrontar el reto de la evangelización en la Dióesis de Astorga transformando nuestra estructura y actividades…
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