Ponferrada y toda la comarca del Bierzo han celebrado este martes, 8 de septiembre, el día grande de Nuestra Señora de la Encina, patrona del Bierzo, con la solemne Eucaristía y la tradicional ofrenda a la Virgen, una de las citas religiosas y populares más arraigadas de la comarca.
La celebración estuvo presidida por el administrador diocesano de Astorga, Francisco Javier Gay Alcain, y contó con la participación de numerosos sacerdotes, fieles y devotos de la Virgen, así como con una amplia representación de autoridades civiles, militares, judiciales y académicas, representantes de las fuerzas y cuerpos de seguridad, instituciones, asociaciones y cofradías de Ponferrada y del conjunto del Bierzo.
Previamente tuvo lugar la solemne procesión con la venerada imagen de la Virgen de la Encina hasta la plaza del Ayuntamiento, donde se celebró la Eucaristía del Bierzo. Este año, el Ayuntamiento de Borrenes fue el encargado de realizar la tradicional ofrenda a la patrona.
Recuerdo y oración por Conchi y Begoña
D.F. Javier Gay comenzó su homilía con un recuerdo especialmente emotivo para Conchi y Begoña, fallecidas en la riada de Manzanedo de Valdueza del pasado 15 de agosto. El administrador diocesano pidió a la Virgen de la Encina que ambas estén ya acogidas bajo su manto y señaló que su muerte continúa presente en la memoria de todos y se convierte, en esta fiesta, en «oración confiada».
A partir de este recuerdo, hizo también un llamamiento a autoridades, administraciones y al conjunto de los bercianos para asumir un compromiso eficaz con el cuidado y la protección de esta tierra, poniendo los medios necesarios para evitar que los desastres naturales vuelvan a tener consecuencias tan trágicas.
María, signo de la cercanía de Dios
En la solemnidad de la Natividad de la Virgen, el Administrador Diocesano recordó que celebrar a Nuestra Señora de la Encina es celebrar a una madre cuya presencia habla de la cercanía y del amor misericordioso de Dios.
Subrayó que Dios «nunca nos deja» y no es un Dios ausente o lejano, sino cercano a cada persona. Una cercanía que, explicó, se hace especialmente palpable en María y en la devoción que generaciones de bercianos han profesado a la Morenica.
Grandes metas desde el trabajo de cada día
Uno de los mensajes centrales de la homilía fue la invitación a mirar a María como ejemplo para construir el futuro desde la humildad, la perseverancia y el trabajo cotidiano. El administrador diocesano contrapuso esta actitud a una sociedad marcada por la inmediatez, en la que con frecuencia se pretende conseguir todo rápidamente y se busca de manera constante el reconocimiento de los demás. «Nuestro tiempo quiere conseguirlo todo a golpe de clic y busca ser continuamente satisfecho con likes incesantes que se cuenten por cientos y miles. No es este el camino del Evangelio». Frente a ello, presentó el ejemplo de María, que «no buscó el aplauso de todos», sino que supo confiar incluso en medio de las incertidumbres.
D. Francisco Javier Gay animó así a proponerse grandes metas, pero comprometiéndose con el trabajo callado de cada día, un esfuerzo que puede dar frutos y contribuir a construir «un futuro cargado de esperanza».
«Quieren dar los mismos frutos, pero olvidan cuidar las mismas raíces»
La imagen de las raíces ocupó también un lugar destacado en la reflexión del administrador diocesano, quien señaló que hijos y nietos vuelven con frecuencia lla mirada hacia sus mayores para aprender de ellos cómo afrontar la vida, pero pueden olvidar preguntarse de dónde obtuvieron aquellos la fuerza que les permitió vivir de esa manera. «Quieren dar los mismos frutos, pero olvidan cuidar las mismas raíces», señaló. Unas raíces que, para el cristiano, se encuentran en Cristo. Por ello, recordó que la devoción a la Virgen de la Encina no puede reducirse únicamente a una cuestión cultural, sentimental o tradicional. «No es posible ser devoto de María, de la Virgen de la Encina, sin abrir el corazón a la fe en Cristo», afirmó, invitando a hacer de esa fe una referencia verdaderamente vital, capaz de orientar la existencia y no solamente una tradición heredada.
Una oración por el futuro del Bierzo
La homilía concluyó convirtiéndose en una oración dirigida a la patrona por Ponferrada, el Bierzo y todos aquellos que habitan esta tierra o la sienten como propia.Pidió a la Virgen que fortalezca la fe de los bercianos, que los sostenga en las dificultades y que ayude a esta tierra a «encontrar caminos de futuro» y a perseverar para que puedan dar fruto.
La oración tuvo también un recuerdo especial para las familias, los mayores, los enfermos, las personas necesitadas y los difuntos, pidiendo que la devoción a la Virgen se traduzca igualmente en una mayor sensibilidad ante quienes más necesitan de los demás.
La celebración de este 8 de septiembre volvió así a reunir a Ponferrada y a todo el Bierzo en torno a su patrona, en una jornada en la que tradición, fe e identidad berciana volvieron a encontrarse a los pies de Nuestra Señora de la Encina.

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